Éxito de la manifestación antitaurina en Zaragoza

Zaragoza Antitaurina (6/10/2013)

Pa’l Pilar sale lo mejor… Como cada año el primer domingo de fiestas se manifiesta Zaragoza Antitaurina. Y cada año somos más. Ayer 4.000 personas recorrieron las calles de Zaragoza al grito de “Zaragoza Antitaurina”, “La tortura no es arte ni cultura”, “Taurino, cómprate un libro” y “Tauromaquia abolición”. Sin ningún incidente y al ritmo de batukada, los manifestantes desfilaron ante la mismísima Plaza de Toros llamada de la Misericordia coincidiendo con el inicio de la corrida. En esta ocasión tuve el honor de llevar la pancarta principal junto al presidente de la Asociación de Veterinarios por la Abolición de la Tauromaquia (AVAT), José Enrique Zaldívar, y un grupo de jóvenes entusiastas. Al final del recorrido, desde las escaleras de la Diputación provincial, en la Plaza de España, Zaldívar dio lectura al impactante manifiesto que podéis leer a continuación:

MANIFIESTO DE ZARAGOZA ANTITAURINA 2013

Zaldivar lee, mientras Felicidad Osta (de Amnistía Animal) tuitea.La pregunta es: ¿Sufre el toro o no sufre?

Hay quienes dicen que todavía no hay evidencia científica sobre el sufrimiento animal, pero que existe una buena voluntad para asumir que sí, que los animales son capaces de sufrir. Esto lo afirman algunos compañeros de mi profesión y la verdad, me aterra pensar que en mi colectivo todavía haya veterinarios seguidores de Descartes. ¿Qué evidencias científicas necesitan? Esto no es un problema de buena voluntad, es un problema de ignorancia supina.

Hoy sabemos, gracias a la ciencia, que los animales se comportan de modo distinto según las circunstancias y los estados emocionales en que se encuentran, y que por tanto son capaces de sentir celos, ternura, miedo, agresividad, curiosidad, aburrimiento, frustración, placer, dolor, tristeza o alegría.

El 7 de julio de 2012 un grupo de afamados neurocientíficos elaboró un documento que llevaba por título “Declaración de Cambridge sobre la consciencia” (“The Cambridge Declaration on Consciousness”), en el que, entre otras cosas, decían:

“Los estudios realizados en animales no humanos han demostrado que tienen un cerebro dotado de las estructuras neurológicas necesarias para tener una percepción consciente, íntimamente relacionada con la experiencia y el aprendizaje. Su capacidad de percepción genera en ellos estados afectivos similares a los nuestros, es decir, son capaces de producir, procesar y expresar emociones”. Y concluyeron: “es evidente que los animales no humanos tienen sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos que los hacen poseedores de consciencia y que les dotan de capacidad para exhibir comportamientos intencionados´.

Es por tanto gracias a la ciencia que hoy podemos tener un discurso ético a este respecto, y debemos aproximarnos al resto del mundo animal sin complejos ni prejuicios.

En mi comparecencia ante la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, invitado por La Izquierda Plural (gracias, Chesús Yuste), califiqué la tauromaquia como un ejercicio de TORTURA ANIMAL, con mayúsculas.

Tortura es un grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo.

Ya sabemos, pese a la `ignorancia consciente´ de algunos, que la ciencia admite que los bóvidos son seres sintientes y por tanto susceptibles de padecer dolor físico y psicológico cuando son castigados por utensilios diversos. Utensilios como las puyas, las banderillas, los rejones, las farpas, el estoque, el descabello o la puntilla, son utilizados para castigar a estos animales, para agotarlos física y psicológicamente, para provocarles dolor, para darles muerte, y para arrancarles una confesión; la confesión de que son toros de lidia, la justificación de su existencia.

No hay pues lugar para la duda: las corridas de toros son un ejercicio de tortura.

Los defensores de la tauromaquia deberían saber que el maltrato y la tortura que se ejerce sobre estos animales, nos degradan como  humanos, como especie. Deberían saber que la tauromaquia, en cualquiera de sus manifestaciones, no tiene justificación moral, ni económica, ni cultural, ni tradicional, ni ritual, ni científica, ni puede explicar una realidad humana en el siglo en el que nos encontramos. Deberían saber que los animales no saben de Bienes de Interés Cultural, ni de Patrimonios Culturales, sean éstos españoles o universales, que no saben de lenguas, ni de dialectos, que no saben de nacionalidades, ni de ideologías, ni de simbología, ni de significados. Deberían saber, si es que están interesados, que el día en que estos espectáculos desaparezcan, el respeto y la empatía hacia a los animales, de lo que en la actualidad tenemos grandes carencias, serán una realidad. Yo no pido para ellos el derecho a que tengan una vivienda digna, ni acceso a una educación gratuita, ni que disfruten de una sanidad pública. Yo pido, parafraseando a mi amigo Julio Ortega, que se dote de voz a los que no la tienen. Yo pido para ellos el derecho a que no sean sometidos a un sufrimiento innecesario, derecho que posteriormente podrá ser desarrollado y ampliado en base a la regulación que dicten nuestras leyes. Dicen que no hay derechos sin deberes. Sobre esta afirmación no merece la pena hacer ningún comentario.

Dicen que un animal se aprovechará de un ser humano sin ningún freno o problema de conciencia para su supervivencia, careciendo además del intelecto necesario para imaginar las consecuencias de su acción, tanto si es dolor, muerte o sufrimiento, en este caso, para los que le maltratan y torturan en el ruedo, y para sus allegados. El toro, si hiere o mata, lo hará en defensa propia, sin más interpretaciones. El toro no sabe nada de la muerte, ni de la suya, ni de la ajena, lo que no significa que sea inmortal, como decía hace pocos días el catedrático de reproducción animal de la facultad de veterinaria de León cuando salió en defensa del Toro de la Vega. El hombre, por el contrario, posee ese intelecto y es capaz de conocer las consecuencias que la lidia tendrá para el toro desde que sale a la arena de la plaza por la puerta de toriles, y la abandona, minutos después, como una `albóndiga sangrante´, en palabras de Manuel Vicent, arrastrado por las mulas.

Y es por esto que pregunto: ¿Hay alguna diferencia entre esta acción defensiva y puntual del toro, vacía de crueldad, que puede acabar con la vida de un ser humano, y la consciencia con la que un torero y su cuadrilla le provocan dolor, sufrimiento y muerte en la plaza? La hay, sin duda, y es lo que diferencia estas dos acciones: mientras el toro desconoce lo que de cruel hay en su tortura y la razón por la que se le castiga, el picador, el banderillero, el torero, el rejoneador, y el puntillero lo saben; y también lo saben los que acuden a las plazas, sus cómplices; ese público que sentado en los tendidos y andanadas disfruta del esperpento. Ellos son los protagonistas activos o pasivos de ese acto, en ese momento ¿De qué y para qué les sirven entonces la razón, el intelecto, el conocimiento?

Seguramente Blasco Ibáñez se preguntaba lo mismo cuando terminó su libro `Sangre y Arena´. Al final del mismo, cuando el protagonista de la novela, un torero llamado Juan Gallardo, “El Espartero”, ha sido sacado del ruedo ya cadáver, dice:

__ ¡Pobre toro! ¡Pobre espada! De pronto, el circo rumoroso lanzó un alarido saludando la continuación del espectáculo. Rugía la fiera. La verdadera, la única.

Estoy convencido que son los espectáculos taurinos, el maltrato animal institucionalizado y legalizado, lo que provoca el colapso cultural que padecemos en lo que respecta a nuestra manera de relacionarnos con los animales. Estamos obligados a procurarles el máximo bienestar, un derecho, que pasa de forma ineludible por no permitir que sean torturados hasta la muerte en los cosos taurinos o en los festejos populares que se celebran a lo largo y ancho de nuestra geografía. Éste es el camino que hemos tomado todos los que estamos aquí reunidos, y que no abandonaremos hasta el día de la abolición.

Muchas gracias.

 

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6 respuestas a Éxito de la manifestación antitaurina en Zaragoza

  1. Bruno dijo:

    BRAVO!!!.
    lo suscribo de quilla a perilla.

  2. sergio dijo:

    exito de la manifestacion? 4000 personas en una ciudad de casi 680.000 habitantes representa el 0,58 por cinto de la poblacios ( sin contar que parte de ellos en mayor o menor medida ,seguramente fueran de fuera de Zaragoza).
    Me parece un porcentaje realmente bajo para considerarla un exito, la verdad

    • Chesús dijo:

      Éxito porque hubo muchísima más gente que en años anteriores (cada vez más). Y también porque en la plaza los asistentes no llegaba a mil, según reconocen los propios críticos taurinos. (Por cierto, puedes estar tranquilo: las aportaciones foráneas a la manifestación cabían en un taxi).

  3. Francis dijo:

    Magnifico manifiesto, estupenda labor , me quedo sin palabras Siento en mi alma todo el dolor de los toros. No puedo desplazarme, pero espero el dia que en Sevilla se haga, al menos, una manifestacion.

  4. Oscar dijo:

    Pues esos veterinarios será que no viven de la cría de esos animales, de todas formas también sufren muchos animales en casa de mucha gente que no los trata como debería (un perro de caza en un piso es un maltrato por ejemplo) y nadie dice nada.

  5. Angeles dijo:

    Enhorabuena a José Enrique Zaldivar por el manifiesto que hizo a favor de los animales, hay muchas personas que agradecemos su apoyo ante semejante barbarie.

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