Zaragoza Antitaurina, un año más… y un año menos

Una de las mejores tradiciones de las Fiestas del Pilar, y van ya 16 años. Ayer volvió a manifestarse Zaragoza Antitaurina y, a pesar de la lluvia, miles de personas volvimos a reclamar la abolición de la tauromaquia, animados por la batukada y por los actores de la performance antitaurina. En esta ocasión la portavoz de Tauromaquia Es Violencia y gladiadora Laura Gonzalo leyó el manifiesto que puso punto final a la marcha que recorrió el centro de la ciudad entre la inmisericorde plaza de toros llamada de La Misericordia y la sede la de diputación provincial, propietaria del coso tauromáquico. Un año más… y un año menos para la abolición.

Chesús Yuste, Laura Gonzalo, Carmen Patricia y Jorge Luis, en la manifestación de Zaragoza Antitaurina 2018

Aquí tenéis el texto del Manifiesto de Zaragoza Antitaurina 2018, a cargo de Laura Gonzalo:

El gran filósofo Jesús Mosterín, con quien tuvimos el honor de estar aquí hace dos años, explicó en cierta ocasión que el antropocentrismo nace de la ignorancia. Que cuanto más primitivo es un pueblo más tendencia tiene a pensar que es el ombligo del mundo. Y la mejor vacuna contra esta falacia de superioridad, decía, es el conocimiento. ¡Cuánta sabiduría había en sus palabras!

El conocimiento avanza de manera imparable y con él evoluciona nuestro pensamiento y nuestra ética. Gracias a esta evolución irreversible sabemos que tarde o temprano la opresión de todos los animales a manos del ser humano terminará por desaparecer.
Sin embargo, no podemos sentarnos a esperar a que el cambio llegue. Porque cada día que pasa, millones de animales son secuestrados, torturados, maltratados, esclavizados, asesinados.

Ser activista significa trabajar para acelerar ese cambio inevitable. El activismo supone la
diferencia entre la vida y la muerte, entre la libertad y la esclavitud, para millones de animales nacidos y por nacer. Y por eso, ser activista no es una opción: es un imperativo moral. Levantarnos y alzar la voz contra semejante horror es una condición indispensable para poder llamarnos personas de bien, personas de justicia, personas que merecen compartir este planeta con el resto de especies.

Todas las que estamos aquí hoy somos diferentes. Cada una tenemos nuestro pasado,
nuestras circunstancias, nuestras preferencias y nuestras fobias. Pero todas tenemos algo en común: sabemos que la tauromaquia es una atrocidad y estamos dispuestas a enfrentarnos a quienes quieren seguir avergonzando a este país con ella. Tengamos siempre presente esa realidad, porque sólo si estamos todas unidas podremos acelerar de manera significativa esa abolición que tanto deseamos. Recordemos que cada día perdido en discusiones vanas es un día en que hay animales siendo torturados.

Si queremos ganar la guerra por los animales, tenemos que unir todas nuestras fuerzas para derrocar al símbolo por excelencia de la falta de consideración hacia sus derechos. Si permitimos que esté abierta la puerta al martirio de toros, novillos y becerros únicamente por diversión, ¿qué otras barbaridades no intentarán justificar en nombre de la necesidad? 

Hubo un tiempo en que mucha gente que no se atrevía a mostrar públicamente su rechazo a la tauromaquia por miedo a la polémica. Ahora las tornas están cambiando y somos nosotras quienes señalamos y exclamamos: ¡vergüenza! La tauromaquia está siendo desenmascarada y las mentiras que la han arropado durante todo este tiempo están saliendo a la luz. Todas sus manifestaciones, sean corridas de toros, novilladas, becerradas, toros embolados o ensogados, se pueden y se deben señalar con la palabra que las define: violencia. Son los despojos rancios de un pueblo primitivo adicto al olor de la sangre y al morbo de la muerte.

Hace unas semanas en Ciudad Real un joven de 22 años recibió una cornada mortal durante un encierro. Según el telediario el pueblo estaba “conmocionado”, pero las fiestas continuaron. A principios del mes pasado, en Burriana, tuvieron que suspender el bous al carrer. ¿La razón? Que ya no les quedaban más ambulancias para atender a más heridos. Pero les da exactamente igual, porque algunos bárbaros quieren su sangre y quieren su morbo.

Esta guerra aún tiene recorrido, pero estamos ganando batallas día tras día. No dejan de
llegarnos noticias de eventos cancelados, de plazas medio vacías. Los taurinos se están viendo obligados a regalar las entradas para que en las fotografías no dejen constancia tan clara de su decadencia. Allá donde se retira una subvención, se cancela un festejo, porque está más que demostrado que la tauromaquia es un tronco podrido que echa sus últimos y desesperados brotes gracias a la savia del dinero público.

Tenemos una misión muy clara: vamos a darle el hachazo final a ese tronco podrido. Vamos a trabajar en nuestro día a día para que no se nos pase una sola persona sin concienciar. Vamos a hacer que el fin de la tauromaquia sea una cuestión importante en la agenda de todos y cada uno de los partidos políticos. Porque como dijo Salvador Allende, “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”. ¡Pues hagamos historia!

¡Tauromaquia abolición!

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