V de Vendetta ataca a banqueros corruptos en #AsesinatoenelCongreso

anonymous

El pasado domingo fue 5 de noviembre. Es inevitable recordar la canción que recita el protagonista del cómic V de Vendetta: «Remember, remember: the fifth of November», que conmemora la conspiración de la pólvora en la que Guy Fawkes intentó volar el Parlamento de Westminster en 1605. En mi novela Asesinato en el Congreso, utilizo la máscara de V de Vendetta para representar la resistencia ciudadana frente al saqueo y la involución que estamos sufriendo. Aquí tenéis la primera escena en la que aparece el enmascarado castigando a los responsables de la crisis:

Cuando no se tiene nada que perder, porque ya se ha perdido todo, solo se puede ganar. Así se sentían aquellos centenares de ancianos que, armados con pancartas, llevaban tres horas esperando frente a la puerta de la Audiencia Nacional en el número 12 de la calle Prim. Les habían tomado por tontos, les habían estafado impunemente los ahorros de toda la vida, les habían vendido un engendro financiero denominado «participaciones preferentes», complejo de explicar y absolutamente desaconsejado para clientes como ellos. Un cordón policial intentaba mantenerlos alejados de la entrada principal del tribunal. De repente, estalló un griterío ensordecedor: «chorizo», «estafador», «malnacido». El coche que trasladaba a Roderic Pato se detuvo a escasos metros de la gente. «Pato, ratero, devuélveme el dinero», coreaban cientos de gargantas. «Pato, capullo, te queremos en el trullo».

No dedicó ni una mirada a los estafados. Pato descendió del vehículo sin perder la compostura, con su traje de veinte mil euros, zapatos italianos y gabardina de marca. Quien fuera ministro de Economía en la etapa de crecimiento en tiempos de Aznar y que luego, desde la presidencia de Caja Cibeles, había pilotado su fusión con Caja Levante para crear una de las primeras entidades financieras del país, Superbank, iba a declarar como imputado en la causa en la que se investigaban delitos de administración desleal y apropiación indebida, entre otros, en la constitución y salida a Bolsa del nuevo banco.

Sucedió todo muy rápido. Una sombra negra irrumpió desde la concentración de preferentistas y arrojó con potencia y puntería una bolsa contra el financiero. Una bolsa de sangre. La mancha roja se estampó contra el traje, llegando a salpicar la cara de perplejidad de Pato. Los policías que debían protegerlo solo alcanzaron a ver el rostro del agresor antes de que su cuerpo se perdiera entre la multitud de manifestantes. Se trataba de una máscara sonriente de bigotes ondulados y perilla vertical.

La policía intentó abrirse paso entre los sexagenarios buscando al atacante, pero se había desvanecido.

 

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