Desde que Zapatero dio por iniciada su precampaña electoral no ha hecho otra cosa que lanzar mensajes hacia su derecha. Primero confirmó a Pedro Solbes como máximo responsable económico de su segundo gobierno (si gana el 9 de marzo próximo, claro), lo que se entendió como un mensaje de tranquilidad ante el mundo económico (a fin de cuentas Solbes representa la ortodoxia liberal frente a las utopías sociales –o populistas- de otros ministros). Luego fichó a José Bono como hipotético candidato a presidir el Congreso (si los socialistas cuentan con mayoría para ello) y la prensa entendió que ZP quería pescar votos en los caladeros de la derecha: católico, populista, nacionalista español (más bien ejpañol, como él mismo dice), Bono es derecha moderada, perfectamente intercambiable con alguna gente del PP (pero, ojo, como Iznogoud, tampoco oculta su ambición y su deseo de ser califa en lugar del califa). Después Zapatero promete rebajar impuestos y le quita al PP una de sus banderas: eliminar el impuesto sobre el Patrimonio.
El giro a la derecha (o al centro, como señala en su portada El País del 8 de diciembre) no ha hecho más que empezar. Parece que, tras una legislatura que empezó con un baño de izquierdismo (articulando una mayoría parlamentaria con las fuerzas de izquierda por primera vez en la historia reciente de España, aprobando buen número de leyes sociales de cierto calado, equiparando los derechos de gays y lesbianas, retirando las tropas de Irak…), la siguiente legislatura será de viaje al centro. La ruptura con los grupos de izquierda (IU, ERC…) estos últimos tiempos y la aproximación a grupos nacionalistas de derechas (CiU y PNV) ya parece apuntar el cambio. No podemos olvidar en este contexto el frenazo autonómico producido tras haber abierto el melón de las reformas estatutarias (valientemente al principio, incluso en clave plurinacional) y haberlo cerrado con un tijeretazo al Estatuto catalán en el Congreso tras la escena de sofá con Artur Mas. Por cierto, de ese frenazo y marcha atrás el capitidisminuido Estatuto aragonés es sin duda un buen ejemplo.
Me temo que entre Rajoy y su primo, Federico y su lengua viperina, los ultras y demás, el PP le puede regalar a Zapatero la mayoría absoluta. Salvo que Pepe Blanco lo impida (a veces creo que ZP tiene a Blanco al frente de Ferraz para salvaguardar la posibilidad de la alternancia política en España). Y me temo que, tras el Zapatero dialogante de la primera legislatura gobernando en minoría, podemos conocer al gobernante ebrio de mayoría absoluta. Ya lo hemos visto otras veces. Lo vivimos con Aznar. La historia podría repetirse con Zapatero.
Sinceramente, las experiencias de mayorías absolutas no han sido muy buenas por estos lares. Por eso, ahora más que nunca hacen falta los terceros partidos: las fuerzas que han demostrado responsabilidad cooperando con la gobernabilidad, pero también compromiso insobornable con la defensa de los intereses de sus electores. Es el caso de CHA y el ingente trabajo que ha desarrollado estos últimos ocho años personificado en la figura de José Antonio Labordeta.






2 comentarios
9 Diciembre 2007 a las 1:49 pm
Te enlazo. Me parece un artículo muy certero. Saludos!
10 Diciembre 2007 a las 2:14 pm
La realidad es que para poder hacer políticas de izquierda es necesario gobernar, y tal y como están las cosas, y a las alturas a las que estamos, es necesario asegurarse los votos de marzo. Como bien sabes, nadie gana las elecciones en este país sin el apoyo del electorado más “centrado”, que es al que se encaminan algunas de las decisiones de estos días. Eso no significa nada, sin embargo, respecto a lo que vaya pasar a después, en el caso de mantener el gobierno. De todas formas, me gusta que reconozcas el evidente signo progresista (o de izquierdas, como quieras llamarlo) de los primeros cuatro años de ZP (sin duda los más izquierdistas de la historia reciente de nuestro país). Por otro lado, algo estará haciendo bien cuando desde la derecha se acusa al gobierno de estar demasiado escorado a la izquierda, y desde la izquierda que se autodenomina así, se le acusa de justo lo contrario (me recuerda eso de “ladran, luego cabalgamos”). Respecto al tema de los impuestos estoy de acuerdo contigo en lo referente a la eliminación del impuesto sobre el patrimonio. Sin embargo, igual es tiempo de empezar a pensar en otras propuestas sobre impuestos a fin de evitar que éstos recaigan sobre todo en las clases medias (y disculpa la autocita): http://davicius.wordpress.com/2007/11/23/va-de-impuestos/
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