Yo soy tertuliano de la SER, representando a CHA en el programa ‘La Calle Nueva’. Todos los martes en el Hotel Boston me reúno con Luis García Nieto (PSOE), Joaquín Salvo (PP), Montse Costa (PAR) y Ana Sanromán (IU) para debatir sobre la actualidad política aragonesa, moderados por la periodista Marina Fortuño. Y los radioyentes de Radio Zaragoza, de 3 a 4 de la tarde, son testigos de las discusiones, de las diferencias y de los acuerdos (que también los hay). Y, aunque todos podemos ponernos un poco vehementes alguna que otra vez, la sangre no llega al río y evitamos que la crispación pueda instalarse entre nosotros. Incluso acabamos recitando un poema que rotatoriamente llevamos cada uno al programa. De hecho, escuchar cómo debaten civilizadamente personas de distintos partidos, confrontando argumentos y puntos de vista, es un ejercicio de pedagogía democrática dirigido al corazón de nuestra sociedad. Si nos negamos a debatir o si transmitimos constantemente la bronca, ¿qué mensaje le estamos lanzando a la sociedad?
Sobreactuar haciéndose el ofendido para crispar el ambiente, por no compartir un determinado análisis político que, a título personal, ha realizado un editor de medios de comunicación (en este caso, Polanco), y promover un boicot entre accionistas y anunciantes, es matar moscas a cañonazos. No nos engañemos: si no fuera Polanco, sería De Juana, o Carod, o el pim-pam-pum de turno. El objetivo es polarizar la sociedad hasta el máximo posible, romper los puentes, para intentar dinamitar el centro y reforzar artificialmente el bipartidismo. Los que perdieron las elecciones el 14-M ven su panorama electoral tan mal que sólo pueden aspirar a ganar en un clima irrespirable de crispación, que ahuyente a los electores moderados de las urnas. De eso se trata este último circo a costa de Polanco.
El Sr. Polanco tiene libertad de expresión, ¡faltaría más! Igual que la tiene el Sr. Ramírez (Pedro J.) y el Sr. Jiménez Losantos. Eso sí, con el único límite de los tribunales (que por cierto acaban de condenar a Federico Jiménez Losantos por mentir acerca de los dirigentes de ERC a los que relacionó con ETA: 60.000 euros le va a costar la ‘broma’; Carod y Puigcercós le estarán muy agradecidos a este deslenguado radiopredicador).
La relación entre políticos y periodistas siempre ha sido muy compleja. El problema surge cuando uno intenta invadir el espacio del otro. Ni el político debe aspirar a tener sometida la voz de la prensa ni el periodista o, mejor dicho, el empresario de comunicación puede aspirar a poner y quitar gobiernos. Las decisiones políticas las deben tomar aquellos que fueron elegidos democráticamente por los ciudadanos para hacerlo, los medios pueden opinar, elogiar o criticar, pero siempre después de haber informado verazmente. Cuando un medio de comunicación opta abiertamente por el camino de la hostilidad no sólo contra la gestión de un gobierno, sino contra la propia existencia de un determinado proyecto político, ha traspasado todos los límites. Evidentemente este párrafo no habla de la relación entre El País o la SER y el PP, sino de la cruzada antinacionalista que desarrolla alguna prensa de Madrid y de la que participa algún diario conservador de Zaragoza (ya os lo podéis imaginar). Pero aquí no respondemos con boicots ni con sectarismo. Debe ser cosa del talante.






3 comentarios
27 Marzo 2007 a las 11:57 am
¿tenemos telepatia o has copiado mi blog? Besos,
cris
27 Marzo 2007 a las 4:02 pm
Me has inspirado el título, pero el contenido ya lo tenía. Gracias por inspirarme. Por cierto, ¡¡cómo está el patio!! Hoy Joaquín ha dejado la silla vacía (obediencia debida a las órdenes de Rajoy). Y se nos ha contagiado un aire de tristeza en la tertulia… Ni la paz de Belfast nos ha podido alegrar la sobremesa. ¡Están locos estos romanos!
Besos.
27 Marzo 2007 a las 10:09 pm
Los medios de comunicación son los foros públicos a través de los cuales los ciudadanos
podemos formar nuestra opinión. Entre el político y el ciudadano hay un ente intermedio , que es el periodista, el medio de comunicación en definitiva. Un partido político nunca debe renunciar a participar en un medio, por la exclusiva razón de que este medio tenga una línea editorial contraria a esa fuerza política. Razón de más para brindarles a esos oyentes o lectores sus puntos de vista sobre la realidad política y social.
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